lunes, 17 de enero de 2022

Rachel Rising de Terry Moore.

Tenía aproximadamente 13 años de edad cuando, junto con un primo un año mayor que yo, tomamos el metro de la Ciudad de México y nos dirigimos a las oficinas centrales del periódico Novedades Editores a preguntar si nos podían dejar entrar a la bodega para buscar los números que nos faltaban del Hombre Araña. El policía de la entrada nos dijo que no existía tal bodega y no nos dejó entrar siquiera a la recepción a preguntar, pero esto fue uno de tantos intentos por completar nuestras colecciones a nuestra tierna edad, era 1985. Más de 30 años después, se publica en México la serie Rachel Rising, escrita y dibujada por Terry Moore (1954, TX), el cual aparentemente es un cómic mas de horror sobrenatural, sin embargo, el autor nos demuestra en cada trazo, diálogo y páginas el manejo del story telling. La mezcla de brujería, satanismo, zoofilia, necrofilia, sacerdotes pedófilos, asesinatos brutales, cadáveres y muertos vivientes solo son los elementos para desarrollar una historia de la vida y la muerte mediante el horror, la tristeza, el amor y la ira...con una dosis perfectamente balanceada de humor negro. La historia me atrapó desde la primer página y me mantuvo sin aliento hasta la última viñeta. De lo mejor que he leído en cuanto a cómics de terror desarrollados en los últimos años.


Debido a la pandemia a inicios del 2020, se retrasó la publicación del último número de la serie, y después de mas de un año me dirigí a las oficinas centrales de la Editorial Kamite, en la Ciudad de México, y entonces, como un sueño perdido, pude entrar a una bodega de comics, con sus anaqueles enormes repletos de revistas empolvadas y gente humilde acomodando cajas de cartón mientras comían de sus tuppers en cualquier descuido de los supervisores. Y así, con algo de pena solamente pedí el "ultimo" número de la saga y en cuestión de unos minutos ya salía yo triunfal de aquel lugar, al que por cierto no quise tomarle foto por respeto a la gente. Será una bodega que se quedará en mi recuerdo, como aquel evento, cuando niño.